miércoles, 23 de marzo de 2011

EMPRENDIENTO Y VALORES

Caminando por las calles pobres del oeste de Filadelfia llegamos al Centro Empresarial, una incubadora de empresas con un fin social, ubicada en el antiguo local del programa de televisión "American Bandstand". Este programa, lanzado en 1957, llevó a la cadena de televisión ABC al éxito. Mientras que CBS y NBC tenían programas que invitaban a estrellas musicales y se orientaban a un público de adultos, ABC, que entonces no tenía los medios para atraer a esas estrellas, invitó a los adolescentes a bailar en vivo. Se convirtió en un ícono del éxito y también de la inclusión, ya que gran parte del talento musical provenía de los afroamericanos. En ese sentido, que el Centro Empresarial quedara en el local de "American Bandstand" sirvió como una metáfora del rol que cumpliría.

El Centro Empresarial fue fundado por David Thornburgh, quien sabía que la tasa de fracasos de los emprendimientos de los afroamericanos era alta y que su ritmo de generación de riqueza era bajo. Por ello, ideó darle un espacio a la comunidad para que sus miembros, pagando una cuota, desarrollaran sus empresas compartiendo conocimientos, teniendo acceso a asesores, a capital y a tecnología.

Así, se ha convertido en el paraguas bajo el cual operan comunidades de emprendedores de esta zona y donde, además, ofrecen programas en colegios, realizan un concurso de planes de negocio y ayudan a los ganadores a montar sus propios negocios, ya que consideran que cuanto antes empiecen, más aprenderán. Con esta iniciativa, luchan contra la pobreza. Ello, porque a medida que las empresas que fueron incubadas en el centro crecen, se espera que se queden en la zona y eleven el estándar de vida de todos.

Una de las claves del éxito en este tipo de iniciativa es contar con un líder que incentive a otros a compartir y, además, asegure su sucesión.

Crear incubadoras de este tipo en zonas marginales, pero pujantes del Perú constituiría una solución innovadora para la lucha contra la pobreza y sería de alto impacto como proyecto de responsabilidad social.

El Perú cuenta con un insumo básico para poder hacerlo: el espíritu emprendedor de nuestra gente. ¿Qué nos falta? Acceso a capital, conocimientos, forjar un espíritu de colaboración (entender que si uno sale adelante, todos estamos mejor y vamos elevando colectivamente nuestro nivel de vida). También profundizar nuestra convicción de que los valores contribuyen al éxito empresarial y a la armonía social. La honestidad, por ejemplo, genera confianza, y la humildad es clave para innovar, ya que nos permite aprender de nuestros errores con mucha mayor rapidez.

Cultivar valores empresariales siembra en nosotros el deseo de emprender, actuando con justicia y nobleza, y, a través del tiempo, nos conduce no solo al desarrollo económico, sino a una mayor armonía social, como nos demuestra este ejemplo de Filadelfia, la Ciudad del Amor Fraterno.

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